"La vida de Gunnar Huttunen había llegado a un punto crucial: se había convertido en un molinero sin molino, en un hombre sin casa. La sociedad lo había marginado y él mismo se había aislado de las demás personas. Quién sabía cuánto tiempo tendría que permanecer aún alejado de los pueblos y de sus gentes. [...]
El molinero pensaba que si hubiese tenido un doloroso tumor de pulmón le habrían permitido vivir en paz, habrían sentido lástima por él, le habrían ayudado y le hubiesen dejado vivir con su enfermedad entre las demás personas. Pero al no ser su mente igual a la de los demás no lo aceptaban y lo marginaban lejos de toda vida humana"
Laura Pérez: Nocturnos
Hace 9 horas
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